La arquitectura es un sistema abierto. En el mismo sentido en que lo es un individuo. Así pues, definitivamente lo son una ciudad y una sociedad. Como tal, un sistema abierto posee una rara capacidad: la auto-organización. Este es su mecanismo de supervivencia y funciona gracias a un paradójico influjo de información que contraviene la tendencia autodestructiva inherente de los sistemas complejos (o abiertos). Si algo seguro se puede decir de la ciudad es que a pesar de que puede ser entendida a través de diferentes esquemas y cartografías simples, no deja nunca de mutar, gracias a las complejas relaciones entre la gente que en ella habita.

Nuestro proyecto intenta una aproximación subjetiva a los músicos de bus, con el fin de descubrir qué tipos de colaboración hay entre ellos, en el caso hipotético de que haya alguna. También quisimos entender ciertas variables que participan en dicha actividad a través de pseudo-modeladores de complejidad como Music Generator y Netlogo.
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